El Sacro Imperio Romano Germánico. Mil años de historia de Europa

La llegada al público de habla de castellana de la obra de Peter H. Wilson, El Sacro Imperio Romano Germánico. Mil años de historia de Europa (Desperta Ferro, 2020), supone la incorporación de una de las obras capitales en la divulgación de este ente político, complejo y fascinante a la vez, denostado por la historiografía nacionalista alemana y mitificado desde el presente por sus semejanzas interesadas con el actual proyecto europeo. La obra de Wilson asienta así un precedente de calado en la divulgación sobre los estudios de la Europa central, una publicación que llega tras la obra de Barbara Stollberg-Rilinger, también publicada a principios de este año, El Sacro Imperio Romano-Germánico: Una historia concisa (La Esfera de los Libros, 2020).

La tarea que asume el autor con esta obra no está exenta de problemas de muy diversa índole que han acompañado el tratamiento de la figura del Imperio. Entre ellos encontramos algunos de apariencia tan simple como la propia definición del concepto “imperio” y los rasgos definitorios que configuran a un Estado como tal (extensión, duración, hegemonía, …). No obstante, por la naturaleza del Alte Reich los problemas de su narrativa recaen, por un lado, en la complejidad de su desarrollo político en múltiples niveles (local o regional, estatal y supraestatal). Y, por otro lado, su extensa longevidad política en la cual convergen de numerosos y variados actores políticos y sociales, propios y ajenos. Todo ello dificulta la estructuración de un discurso simple, pues en muchos casos tampoco permite la utilización de conceptos estancos para su tratamiento, sea el más evidente el de “nación”.

De este modo, la primera parte del libro se adentra tanto en sus orígenes políticos directos, las bases del reino franco de Carlomagno, como en la fundamentación ideológico-simbólica del Imperio conferida por el Papado en la Navidad del año 800. La puesta en evidencia de la teoría de las dos espadas por la cual se articulaban los poderes espiritual y temporal, determinante más adelante en el devenir político del Imperio —sobre todo en Italia—, permite definir uno de los elementos clave de la identidad Imperio. Al mismo tiempo que pone en su justo lugar, y de acuerdo a la lógica discursiva imperante, las bases de la legitimidad política y las pretensiones universalistas del éste. Un capital político y su enfrentamiento con otros grandes Estados (Rusia e Imperio Otomano) que se arrogaban el ejercicio de una primacía universal.

Quaternionenadler de Hans Burgkmair el viejo, 1510 [Fuente]

La segunda parte en la que se divide el libro aborda la estructuración del Imperio en las diferentes escalas mencionadas, poniendo de relieve su evolución política en los territorios y resaltando su carácter de monarquía compuesta. Así, pese a la tradicional imagen del Imperio como reino alemán, se pone en relieve los distintos núcleos y territorios que lo conformaron su centro desde la Alta Edad Media (Lotaringia/Borgoña, Italia y Alemania) y las zonas periféricas con las que interactuaba (reinos eslavos al Este, los países nórdicos, Inglaterra, …). Para pasar, seguidamente, a analizar y poner en entredicho las simplificaciones regionalistas y nacionalistas decimonónicas, normalmente reducidas al discurso de imposición-resistencia. Muestra, así, la complejidad de las relaciones sociales y las prácticas identitarias en un mundo, fundamentalmente, estamental en el que existen diversos grupos de interés en función de sus estatus y privilegio. A la par, evidencia dentro de este amplio mosaico de territorios, gentes y lenguas, el marcado carácter jerárquico y corporativo de la monarquía imperial en base a estos elementos.

La tercera parte del libro es un vasto ejercicio de historia social, económica e institucional en el que desgrana la relación entre los distintos tipos de vasallos mediados (el campesinado, generalmente, pero también la nobleza menor) e inmediatos (príncipes laicos y eclesiásticos) con el emperador y el Imperio en sí. Es decir, aborda la gobernanza y la infraestructura existente para ello. Quizá la parte más importante para la comprensión de los objetivos marcados por el autor. Pues expone la naturaleza política del Imperio y su funcionamiento en cuanto a estructura federal, examinando para ello los grandes eventos (ya sea la Dieta de Worms de 1495, la Reforma o la Paz de Westfalia) que marcaron su evolución hacia esta vía y no hacia la opción centralista adoptada por otros Estados. Aunque, la definición de “federal” es mucho más amplia en este contexto histórico y no se ciñe plenamente a su definición.

Encuentro entre Napoleón y Francisco II después de la batalla de Austerlitz, el 4 de diciembre de 1805. Antoine Jean Gros, 1812. [Fuente]

La cuarta y última parte del libro, más extensa en relación con las otras, aborda de forma íntegra la historia social del Imperio, centrándose en las agrupaciones corporativas (ligas de ciudades, de príncipes, asociaciones económicas, …), y su representación dentro del Imperio en cuanto a entidades con derechos políticos dentro de dicho orden sociopolítico. Así, desarrolla y expone los principios fundamentales del orden jurídico imperial como mediador entre los distintos grupos sociales y defensor de unas teóricas libertades alemanas inherentes a su estructura y a su pertenencia. Al mismo tiempo que analiza la posibilidades de pervivencia que tenía en su momento y las imágenes y representaciones dentro de la memoria colectiva tras su disolución el 6 de agosto de 1806.

Todo ello va acompañado de un amplio conjunto de material apoyo, desde un apartado cartográfico en el que se ilustra la evolución territorial, administrativa y eclesiástica del Imperio (siempre útil para ubicarse); pasando por una colección de imágenes vinculadas a la representación del Imperio, sus instituciones, personalidades y espacios; hasta llegar a cronologías y árboles genealógicos que complementan y ponen en relieve la historia factual y política, strictu sensu, tanto del Imperio como de sus gobernantes, pues el libro no persigue en ningún momento hacer una historia en el sentido tradicional. En definitiva, es una obra sumamente completa que, desde luego, cumple con su finalidad, sin ser otra que la divulgación de una parte significativa de la historia de Europa sin las deformaciones ópticas con las que se ha tratado normalmente.

El autor

Peter H. Wilson (1963) es profesor en la Facultad de Historia de la Universidad de Oxford, ocupando el puesto de Chichele Professor de Historia de la Guerra en el All Souls College. Sus intereses investigadores están centrados en el impacto de la guerra en el desarrollo de la política y la sociedad europea y global, especialmente en la Historia Moderna de Alemania (1495-1806). También es autor de La Guerra de los Treinta Años. Una tragedia europea 1630-1648 (2 volúmenes, Desperta Ferro, 2018)

Peter Wilson
El Sacro Imperio Germánico. Mil años de Europa
Desperta Ferro
2020
834 páginas

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